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Y he llegado a la cima del cielo, donde las nubes no son grises y donde la brisa es más liviana, donde pude descansar. Donde el cielo es más azul y donde el mar es más claro, donde todo es perfecto. Está esa hermosa luz en esa enorme puerta al final del puente, del lago. Y entonces la puerta abrió, y allí estaba él. Él me miró, yo le sonreí, lo había encontrado. Había visto otra vez esos hermosos ojos verdes.
Me abrazó, y se marchó, dijo que volvería. Y aquí estoy, esperando ver si vuelve a dedicarme sus sonrisas, sus miradas.

-Mariana Sanchez 

Te alejaste, y todo acabó. Te llevaste contigo cada suspiro, cada caricia, cada beso y cada mirada, me quitaste los días de amor y la alegría de verte llegar. Te fuiste y olvidaste darme razones, poco a poco fuiste rompiendo lo último que quedaba de mi corazón. Me enseñaste tantas cosas, pero olvidaste enseñarme a estar sin ti. Y decidiste irte, y yo decidí dejarte ir.

-Mariana Sanchez

La noche, el frío, el cielo y el café que nunca falte. Los ojos color miel de Amy comenzaron a cerrarse, y en un último suspiro, por fin logra quedarse dormida. La conciencia de Amy viajó a través de los suburbios, haciendola aparcar en la entrada de sus sueños. Amy en su sueño notaba una noche fría y nublada, nada mal para sus gustos raros, mientras caminaba no pudo pasar por alto unos hermosos ojos café que se quedaron grabados en su mente… Ignorando un poco aquellos ojos, siguió su camino. De vez en vez recordaba aquellos hermosos ojos, dispuesta quizá, a volverlos a encontrar algún día. Llegó a una sala que yacía vagamente iluminada por un bombillo titilante. Las paredes estaban rasgadas, llenas de mugre y el cuarto tenía un pesado olor a humedad. Una puerta de metal estaba en el exacto centro. La curiosidad la tomó por los hombros, empujándola. Giro la manilla; la cual hizo un sonido chirriante. Dentro, un pasillo de celda aparentaba se eterno. Cada uno bloqueado por una cerradura, con aberturas para facilitar la vista dentro de ellas. La puerta detrás de ella se cerró, causando el efecto bambi en ella. Sus rodillas temblaron uniéndose en el centro. Tragó gordo. Parpadeó, en un vano intento de recordar como caminar derecho. De alguna manera u otra, se deshizo de sus efectos secundarios, caminando derecho a la puerta del final. Tintada de manchas rojas. El pasillo se inundaba de un fuerte olor a putrefacción y sudor. Arcadas. Mientras caminaba, aún temblando de los nervios e intentando alejarse de las celdas que por algún motivo parecían peligrosas, notó a una chica en una de estas celdas, la celda numero 266. Ella permanecía oculta en la sombra tenebrosa que generaba la celda por efecto de la luz que llegaba por una ventanilla en esta, aún así pudo notar que esta muchacha era rubia y tenia una característica que resaltaba en ella, sus ojos eran de colores diferentes, mientras uno era verde el otro era azul. Me acerqué y le pregunté su nombre. Me ignoró, y se fue. Intenté seguirla, pero se desvaneció entre las celdas. No volví a ver aquellos ojos esa noche.

Desperté. De un segundo a otro mi mundo se vino abajo. Aún se encontraba en mi mente la imagen de aquella chica, de aquellos ojos. Me estaba volviendo loca.

Pasaron algunas horas, quizá días, ¿o sólo fueron segundos? Cada noche, antes de dormir, recordaba aquellos ojos, aquella chica. Seguía mi sueño, y ella se volvió alguien en mi vida, y ese alguien, se convirtió en todo.

Me desperté de un brinco al oír el sonido de mi despertador en la mesita de noche. Lo apagué y llevé mis manos la cabeza; estaba empapada de sudor. Me volteo, en la cama hay una gran mancha de humedad que la acompaña una en la espalda de mi camisa. ¿estaré enferma? No. Me sentía muy bien para un lunes en la mañana. Sequé el sudor de mi frente y me dispuse a darme una corta ducha. Salí del baño, me puse la ropa y me preparé mi desayuno, aunque lo dejé casi todo, por alguna razón no podía concentrarme, mucho menos dejar de pensar que ocultan esos ojos… Los de mis sueños. Salí rápido de mi casa, pues aún tenía que llegar temprano al colegio. Caminando por una calle cuyo nombre he olvidado, noté las trenzas de mis zapatos sueltas, me agacho para amarrarlas. Levanto la mirada, y allí estaban esos ojos, eran ellos, lo sé. Me perdí en aquella mirada, el chico me miró, me regaló una sonrisa y se fue. No volví a ver esos ojos jamás.

-Mariana Sanchez, Leonardo Márquez, Ariadna Coelho.

Ya había olvidado completamente lo que significaba el amor, el dolor. Literalmente, yo estaba justo después de eso que está después de la muerte: La paz. Me había enamorado, había muerto y regresado, había estado en el cielo y conocido el infierno. Había elegido qué ojos ver y qué corazón amar, yo te había elegido. Había elegido abrirte mi corazón, sabiendo que clavarías en él un cuchillo, elegí amarte sabiendo que después de la muerte existe otra vida, confié. Y me destruiste.

Pero ahora estás aquí, pidiéndome a gritos que regrese cuando nunca me he ido. Y me quedé, me quedé porque aunque pasen mil años, yo te sigo eligiendo. 

-Mariana Sanchez

Nunca había sentido nada igual,las nubes hacían circulos a mi alrededor y parecía que en una de ellas me encontraba sentada. No podía sentir nada más que el viento en mi rostro. Parecía que unas alas comenzaban a formarse en mi espalda, como si de un ángel se tratase. Sonreí sin razón alguna, me sentía bien, segura quizá, como nunca. No podía recordar nada de lo que había sucedido la noche anterior, y con tantas cosas por pensar y tantas preguntas sin respuesta alguna, suspiré y caminé.

Un largo rato después, logré notar un poco de luz al final de un pasillo largo, parecía atraerme, me llamaba con una voz baja, tímida, insegura quizá. Después de haber contemplado aquella luz durante unos segundo, caminé hacia ella, y sin percatarme de lo rápido que había llegado, veo una puerta al final de un puente lleno de rosas, aquella puerta parecía nunca acabar. Tiene que ser un sueño, pensé.
La puerta poco a poco se fue abriendo, y nuevamente apareció aquella luz de la cual me había enamorado. El dolor se había ido, por fin todo había terminado.

-Mariana Sanchez

Un último suspiro sale de sus labios, aquellos hermosos ojos verdes comenzaron a cerrarse, y sin tiempo de acercarme, una lágrima cae por mi mejilla. Suplicando a gritos que vuelvas cuando ya te habías ido, y comencé a preguntarme si te había amado lo suficiente. Y aún despierto cada mañana con la esperanza de volver a encontrarme con aquel perfume tuyo, tomándote de las manos rezo porque vuelvas, aunque sé que jamás lo harás. He llorado tantas noches, tantos días, tantas tardes. Has hecho de mi vida una historia sin final, llena de demonios en mi mente, hojillas en mis manos y un corazón por reparar. Y aún así puedo sonreír diciendo, que algún día nos volveremos a encontrar.

-Mariana Sanchez.

Please help me.

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